Hoy en día la Santa Biblia sufre más a menudo por sus exponentes que por sus oponentes.
De cualquier forma, estoy convencido de que Él (Dios) no juega a los dados.
Sólo existe una realidad y esta se llama: Dios. El alma del ser humano debe tener un contacto directo con Dios, pues a menos que el espíritu del hombre esté verdaderamente unido al de Dios, entonces no existirá jamás una verdadera manifestación cristiana.
El propósito de Dios apunta hacia un solo objetivo: que seamos como Él es, que razonemos con sus misma ideas, que profesemos sus mismos principios y que disfrutemos de su misma bendición.
Sólo reconocerás que tu perdón es verdadero cuando llames a quien has perdonado y seas capaz de sentir que le deseas lo mejor.
El perdón es una cosa muy divertida: calienta nuestro corazón y enfría nuestra picazón.
No es el “poder de recordar”, sino todo lo contrario, el “poder de olvidar”, quien constituye una condición indispensable para nuestra exitencia.
“Puedo perdonar pero no puedo olvidar” es sólo otra forma de decir “No voy a perdonar”. El perdón debe ser como una nota de deuda pagada: rázgala en dos y quémala, para que nunca más pueda ser mostrada a otros.
El verdadero perdón no viene adornado con la expectativa de que la otra persona reconozca su erroir o cambie. No te preocupes si al final te comprende o no. Sólo ámale y libérale.